Irán amenaza con atacar la infraestructura petrolera y de inteligencia artificial del Golfo si EE UU e Israel reanudan los bombardeos

Irán ha advertido este viernes de que atacará la infraestructura petrolera de hasta siete países del golfo Pérsico, pero también los cables submarinos, los centros de datos y las instalaciones de inteligencia artificial de la región, si Estados Unidos e Israel lanzan una nueva campaña de bombardeos masivos contra territorio iraní.
Así lo ha asegurado, en una entrevista al portal Drop Site News, Mohsen Rezaei, el veterano general de división de la Guardia Revolucionaria —el poderoso ejército paralelo iraní que toma las decisiones de la guerra— y actual secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. Rezaei es también la voz del líder supremo de Irán en ese órgano. En agosto, Mojtaba Jameneí lo nombró su representante personal en el organismo.
La amenaza ha sido secundada por el comandante en jefe del otro ejército iraní (el regular), el general de división Amir Hatami, quien ha subrayado, en unas declaraciones recogidas por la agencia semioficial Tasnim, que su país está “plenamente preparado para la guerra asimétrica”.
Esta y otras advertencias de los responsables de la cúpula militar y de seguridad iraní representan un paso más en una escalada también verbal que acompaña a los tambores de guerra que suenan de nuevo en Washington e Israel.
La semana pasada, el medio estadounidense Axios reveló que el presidente estadounidense, Donald Trump, y su aliado israelí, el primer ministro Benjamín Netanyahu, discutieron a principios de octubre la posibilidad de ejecutar una nueva campaña de bombardeos masivos contra Irán. Ambos líderes afrontan elecciones claves en sus respectivos países: las de mitad de mandato para Trump, el 3 de noviembre, y las legislativas israelíes, el próximo 27 de octubre. El 8 de octubre, el republicano aseguró en su red social, Truth, que en ningún caso atacaría Irán antes de esos comicios, que su partido afronta con las encuestas de intención de voto claramente en contra.
De hecho, se especula con que la posibilidad de enfangarse de nuevo en la guerra de Irán en vísperas de esa cita electoral haya sido lo que ha llevado a Trump a negarse de momento a secundar los planes de Netanyahu. Según el diario británico Financial Times, estos consistían en una campaña masiva de bombardeos contra infraestructuras civiles y energéticas iraníes, como centrales eléctricas, así como el asesinato de dirigentes políticos y militares iraníes con el fin de recuperar ese objetivo inicial de la guerra que consistía en derrocar la República Islámica.
La negativa del magnate republicano a lanzar ya una nueva oleada de ataques no ha logrado calmar las aguas en Irán, toda vez que los líderes de ese país desconfían profundamente del propio Trump y, en general, de EE UU. La tensión aumentó aún más el pasado lunes cuando decenas de aviones de combate de la Fuerza Aérea israelí volaron hasta la frontera de Irán antes de regresar a Israel, el mismo día en que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, se reunía con Netanyahu en la base aérea israelí de Ovda.
Netanyahu, en busca de un pretexto
Fuentes estadounidenses revelaron a Axios sus sospechas de que Netanyahu esperaba que los iraníes, cuyos sistemas de defensa aérea seguramente detectaron la llegada de los cazas israelíes, dispararan contra esos aviones, lo que habría ofrecido al primer ministro israelí una excusa para desatar de nuevo una campaña masiva de bombardeos contra Irán y quizás retrasar unas elecciones en las que el mandatario israelí no tiene garantizada la reelección.
Altos responsables iraníes han confirmado también la gestación de esa nueva oleada bélica que parece, más que descartada, pospuesta. Entre ellos está Mehdi Mohammadi, asesor de Mohammad Bagher Ghalibaf, el presidente del Parlamento y jefe de la delegación iraní en las negociaciones de un alto el fuego con Estados Unidos. Este colaborador de Ghalibaf ha definido una posible “tercera guerra” como “una amenaza existencial” en la que la República Islámica adoptará una estrategia de “cero líneas rojas”.
El propio Ghalibaf advirtió hace dos días, en su cuenta en la red social X (antes Twitter), a “gobiernos, fondos y empresas de la región” de que no “otorgaran recursos a ninguna compañía de inteligencia artificial o de datos que ayude en invasiones o en la muerte de niños”, en una clara alusión a las ofensivas militares israelíes en Oriente Próximo.
“Una tercera oleada de guerra no se mantendría contenida”, aseguró el jueves, también en X, Reza Nasri, un abogado y analista considerado cercano a la República Islámica. “Las redes eléctricas, las plantas desalinizadoras, las refinerías y los puertos de toda la región arderían. Decenas de millones de personas se quedarían sin agua ni electricidad, y una oleada masiva de refugiados se desplazaría desde los países árabes hacia Europa. [El estrecho de] Ormuz se cerraría por completo, el petróleo se dispararía y la economía global entraría en recesión”, añadía.
Sin “bala de plata”
También Danny Citrinowicz, exanalista sobre Irán del ejército israelí, ha pronosticado en un análisis divulgado en sus redes sociales que la República Islámica “no se rendirá” si sufre una nueva arremetida militar: “No hay una bala de plata militar. Atacar la infraestructura iraní, incluidas las instalaciones energéticas, no resolverá mágicamente el desafío. Por el contrario, tales ataques podrían desencadenar una represalia masiva iraní contra la infraestructura energética en todo Oriente Medio, con consecuencias devastadoras a nivel regional y global”.
Irán se reserva además lo que este analista define como “sus propias sorpresas”. EE UU e Israel no deben “asumir que Teherán responderá solo con misiles y drones. Irán podría intentar interrumpir cables de comunicación submarinos, llevar a cabo operaciones no convencionales o incluso lanzar operaciones terrestres limitadas contra objetivos vulnerables en Kuwait o Baréin”. Son escenarios hipotéticos, asegura Citrinowizc, pero que “no pueden descartarse”.
El jueves, un día después de que Trump insinuara que su país podría utilizar la bomba GBU-43/B —también conocida como MOAB por las siglas en inglés de la expresión “madre de todas las bombas”—, para atacar las instalaciones nucleares de Irán, un portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní declaró, no sin ironía, a una agencia semioficial que su país se preparaba para presentar al “padre de todas las bombas”. Ese portavoz confirmó, asimismo, que la doctrina militar del país se basará cada vez más en la confrontación asimétrica: la que privilegia estrategias no convencionales, como la guerra de guerrillas o los sabotajes, para doblegar a un enemigo militarmente superior.
“La idea no es igualar el poder de fuego abrumador de EE UU. Se trata de negar a Washington el control de la escalera de escalada asegurando que la presión sobre Irán genere costes escalados en otros lugares: contra bases estadounidenses, infraestructura regional, comercio marítimo, flujos de energía y a través de los socios regionales de Irán [como los hutíes de Yemen, que continúan atacando Arabia Saudí]”, recalca en un informe del centro de estudios Instituto Quincy, el analista iraní Sina Toosi. Esta semana, Washington ha evacuado a su personal diplomático no imprescindible de Arabia Saudí.


