Iglesia San Dionisio: un atractivo cultural que guarda los orígenes de la devoción mariana en Higüey
Entre sus muros de piedra, su arquitectura colonial, el Pozo de la Virgen, la Vía Sacra y las tradiciones transmitidas durante generaciones permanece un relato que conecta la fe de los primeros peregrinos con la devoción que hoy reúne a millones de personas en torno a la Virgen de la Altagracia.
- Preservar y dar a conocer San Dionisio significa, en definitiva, proteger una parte esencial de la memoria de Higüey y de la historia religiosa y cultural de la República Dominicana.

Mientras miles de peregrinos y turistas dirigen su mirada hacia la imponente Basílica Catedral Nuestra Señora de La Altagracia, a pocas calles de distancia permanece otro atractivo religioso, turístico y cultural que resguarda parte de los orígenes de la fe y la historia de Higüey: la Iglesia San Dionisio.
Considerada una de las edificaciones religiosas más antiguas de la República Dominicana, esta iglesia ha sido testigo de siglos de acontecimientos que han marcado el desarrollo de la ciudad y la evolución de la devoción a la Virgen de la Altagracia.
Pero para comprender la verdadera dimensión de este templo es necesario mirar más allá de sus muros y conocer la tradición que lo vincula directamente con los orígenes de la devoción altagraciana.
El lugar donde nació una tradición
El obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, destaca el profundo significado histórico y religioso de San Dionisio. De acuerdo con el prelado, el historiador Vetilio Alfau Durán señala que fue precisamente en el lugar donde hoy se encuentra la iglesia donde, según la tradición, apareció por primera vez la imagen de la Virgen de la Altagracia, en un árbol de naranjo. La tradición sostiene que la imagen habría sido traída a Higüey por los hermanos Trejos, procedentes de Plasencia, Extremadura, España.
“En este lugar sagrado, a partir de su fundación, comenzaron las peregrinaciones de personas procedentes de diferentes lugares del país, movidas por la fe y por los grandes favores y milagros que, según la tradición, la Virgen concedía a quienes imploraban su intercesión”, explica Castro Marte.
El obispo también cita los estudios de Vetilio Alfau Durán, quien señala que la iglesia y santuario de Higüey fueron bendecidos en 1573, durante una visita pastoral realizada por fray Francisco Andrés de Carvajal.
Para monseñor Castro Marte, el valor de San Dionisio trasciende lo estrictamente religioso.
“La Iglesia San Dionisio posee un extraordinario valor histórico, religioso y cultural. Se trata de un templo con aproximadamente cinco siglos de historia y está vinculado al lugar donde, según la tradición histórica y religiosa, apareció por primera vez la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia”, sostiene.
El obispo también cita los estudios de Vetilio Alfau Durán, quien señala que la iglesia y santuario de Higüey fueron bendecidos en 1573, durante una visita pastoral realizada por fray Francisco Andrés de Carvajal.
Para monseñor Castro Marte, el valor de San Dionisio trasciende lo estrictamente religioso.
“La Iglesia San Dionisio posee un extraordinario valor histórico, religioso y cultural. Se trata de un templo con aproximadamente cinco siglos de historia y está vinculado al lugar donde, según la tradición histórica y religiosa, apareció por primera vez la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia”, sostiene.
El prelado señala que este acontecimiento ha sido recogido y estudiado por historiadores como Vetilio Alfau Durán y Ernesto Rivera Cedeño, además de monseñor Juan Félix Pepén.
Según explica, la tradición de la aparición de la Virgen en este lugar dio origen a una de las expresiones de fe y peregrinación más antiguas del pueblo dominicano. Desde distintos puntos del territorio nacional, los fieles comenzaron a trasladarse hasta Higüey para venerar a la Virgen y pedir su intercesión, una tradición que adquirió especial fuerza después de la batalla de la Limonade, en 1691.
La importancia de San Dionisio tampoco se limita a la historia de la devoción altagraciana. En sus espacios permanece parte de la memoria histórica de la nación.
Castro Marte recuerda que la historia del templo también está vinculada con el antiguo cementerio de la época colonial, que funcionaba en sus alrededores. En el templo fueron sepultados en el piso, parte derecha de la entrada el general Eustaquio Ducoudray Villavicencio (1845–1940), ilustre militar higüeyano que participó en la Guerra de la Restauración, cuyos restos.
Asimismo, señala la existencia de una tradición histórica según la cual, en el lugar donde posteriormente fue construida la Iglesia San Dionisio, se encontraba el primer cementerio indígena de la Villa de Salvaleón de Higüey.
Estos elementos aumentan el valor histórico y cultural del templo y de su entorno.
Quienes llegan actualmente a San Dionisio encuentran un espacio donde la historia y la fe se entrelazan. Personal del templo explica a peregrinos y visitantes la historia del lugar, incluida la tradición sobre la aparición de la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia, y muestra el espacio donde, según la tradición, ocurrió este acontecimiento.
De esta manera, la visita no se limita a contemplar una antigua construcción religiosa, sino que permite conocer una parte fundamental de la historia espiritual y cultural de Higüey.
El Pozo de la Virgen
A escasos metros de la Iglesia San Dionisio se encuentra el Pozo de la Virgen, una sencilla estructura de ladrillos rodeada de relatos que forman parte de la tradición religiosa de Higüey.
Según la tradición oral, el pozo habría surgido durante un incendio que afectó los antiguos tejados de paja cercanos al templo, y sus aguas habrían contribuido a controlar las llamas.



